La cultura popular está llena de figuras que trascienden su propio ámbito y acaban formando parte del imaginario colectivo. Es habitual tener información sobre temas que no son de tu interés, pero que forman parte del conocimiento cultural de la sociedad. El wrestling no es una excepción y también ha tenido figuras que han trascendido a la cultura popular. Uno de esos iconos es, sin duda, el Undertaker.

Ya sea por su racha de imbatibilidad en WrestleMania, por su entrada llena de mística o, como diría la juventud ahora; «aura», el Undertaker es uno de los nombres que se le viene a la mente a cualquier persona cuando le hablas del término wrestling.

Pero, como ocurre con todos los legados, siempre hay un origen. En el caso del Undertaker, su inclusión en la programación televisiva de Monday Night Raw fue un proceso de ensayo y error, en el que la WWF todavía trataba de dar con la tecla correcta para consolidar su personaje en esta nueva etapa.

Giant González, la primera piedra de toque

La primera vez que vemos al Undertaker desde el inicio de las emisiones televisivas de Monday Night Raw es en el primer programa de la historia, con una victoria rápida sobre Damien DeMento. Lo siguiente ya sería Royal Rumble 1993. En esa edición, que gana Yokozuna y de la que ya hemos hecho repaso en la web, Undertaker entraría a la rumble en el puesto 15, durando tan solo cuatro minutos ya que el debutante Giant Gonzalez, que no participó en la batalla real, lo eliminaría sacándolo fuera del ring.

Esto nos llevaría a una rivalidad que duraría meses, con dos enfrentamientos en PPV: WrestleMania IX y SummerSlam 1993.

Pese a que el Undertaker salió victorioso de la rivalidad con pleno de victorias en los enfrentamientos que tuvieron, la nula química que tenían en el ring, la poca habilidad luchística y de movilidad de González y la excesiva participación de los managers en la rivalidad y los enfrentamientos, dejó al Undertaker en una posición algo delicada.

El hombre muerto que ama a Estados Unidos

Después de SummerSlam, el siguiente gran PPV de la compañía era Survivor Series. Para ese evento, se construyeron varios combates eliminatorios por equipos de cinco contra cinco, cada uno con su propia historia. Por aquel entonces el campeón mundial de WWF era Yokozuna, un villano japonés que había derrotado a dos de los grandes símbolos patrióticos americanos del momento: Hulk Hogan y Lex Luger.

La consigna estaba clara: había que formar una especie de Vengadores con los mejores estadounidenses para derrocar al mal extranjero. También estaba recibiendo un empuje Ludvig Borga, un finlandés que tenía un «gimmick» de fascista, -luego sabríamos que no era un personaje-, por lo que tenía sentido una unión de los americanos contra el mal.

El capitán del Team USA sería Lex Luger, obviamente. Suma a su equipo a los Steiner Brothers que habían perdido los títulos contra los Quebecers que, al ser de Canadá, ya entraban en la filosofía para luchar al lado de Luger. Para el último puesto eligieron al Undertaker, el hombre muerto al que le debería dar igual una lucha de países.

Pese a la elección de última hora y sin mucho sentido del Undertaker, esto le favoreció ya que fue el «encargado» de eliminar a Yokozuna de la lucha, gracias a un count-out de ambos. Eso le daría la oportunidad para ser el siguiente retador al título mundial.

Ataúdes y resurrección

Después de un año creativo algo irregular en cuanto a la figura del Undertaker, la WWF decidió situarlo como retador al título mundial para Royal Rumble 1994 en una lucha de ataúd. Durante las semanas previas al evento, comenzaron a emitirse una serie de segmentos en los que Undertaker, junto a su manager Paul Bearer, mostraba la construcción de ataúdes, envueltos en una atmósfera oscura y casi ritual, recuperando parte del misticismo que siempre había rodeado al personaje. Sin embargo, lo que debió ser una confirmación de cara al personaje del Undertaker, dejó todavía más dudas y se convirtió en un segmento de lo más raro e inverosímil.

Tras un combate dominado por Yokozuna y la intervención de múltiples luchadores, Undertaker acabaría siendo introducido en el ataúd, dando paso a una escena surrealista en la que su figura aparecía proyectada en la pantalla, ascendiendo y “resucitando” ante el público.

Más que consolidar definitivamente al personaje, el segmento dejó sensaciones encontradas: por un lado, reforzaba su componente sobrenatural; por otro, evidenciaba que la WWF todavía no había encontrado el equilibrio adecuado entre lo místico y lo creíble.

Pese a que con los años su figura sí que ha sido elevada a los altares tanto de la mística como de la leyenda, la primera etapa del Undertaker en Monday Night RAW fue la demostración de que hasta los más grandes necesitan caer para levantarse… o, en su caso, volver del más allá.

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